Digo, todos conocimos a Peter Pan, y el niño así que tú digas muy bien portado no era.
¿Que por qué llegué a esta teoría?
Bueno, porque las mamás somos muy parecidas a una sombra, y no en el sentido negativo… bueno, no completamente.
Las mamás somos esa sombra que va pegada a sus hijos. Somos la sombra que se proyecta sobre ellos cuando juegan en el parque, cuidando que no se rompan toda su pequeña anatomía. Somos la sombra que sale siempre en todas sus fotos como único registro de nuestra existencia, porque nadie nunca nos toma fotos a nosotras – Gracias a Dios por las selfies. Pero también somos la sombra a la que van a refugiarse cuando el sol – o la vida – les pega en la cara por mucho tiempo. La que confían que siempre estará acompañándolos mientras haya un sol que salga a dar los buenos días. La sombra que hace que los días nublados sean tristes porque no se puede ver.
Ahora entienden por qué Peter Pan buscaba su sombra tan desesperadamente, ¿no? ¿O no serías tu capaz de allanar casas con tal de encontrar esa sombra?
Y todo lo demás de la historia que pueda contradecir esta teoría es sólo un cuento de Disney y su afán de hacerlo todo bonito.
Estimada madre desconocida de Bohemian Rhapsody:
Tengo tiempo pensándote y hoy me animo a escribirte. Escuché lo que pasó con tu hijo en una canción de Queen. Una canción que llevo tiempo escuchando pero que desde hace unos años me pega diferente.
Yo soy madre también y lo que les pasó a ti y a tu hijo ha tocado las fibras más sensibles de mi maternidad. Debo confesarte que apenas me enteré de la tragedia, te juzgué horriblemente. Me fui directo contra ti sin conocerte y te hice responsable de todo. Cuestioné tu maternidad, tu crianza, tu atención y tu amor. Construí una imagen de ti con pedazos de las peores madres que han creado las películas y las noticias. Drogadicta, alcohólica, abusadora, un ser trastornado con lo estándares de moralidad por los suelos… ¿lo eres?
Después pensé que tal vez veo mucha televisión, que tal vez no tenías que ser un monstruo para estar en esa situación, y solo eres una madre que hizo lo que pudo para sacar adelante a su hijo... ¿lo eres? Después de todo, tu hijo te amaba, fuiste su último refugio. Pero yo necesitaba ponerte en el peor de los escenarios, porque la idea de que no fueras la peor de las madres digna de tu propia película de terror, significaba que algo así podía pasarme a mi también; y es ahí donde yacen mis miedos más profundos.
Desde que soy mamá hay una parte de mí que siempre tiene miedo. Que siente que en cualquier momento un movimiento en falso podría arruinarlo todo y no sentir los síntomas sino hasta que se revelara el triste final en su etapa terminal, donde ya no hay nada que hacer.
Tú eres uno de mis peores escenarios. Uno de tantos donde mis hijos cometen errores fatales y su vida termina de la manera más trágica. Uno de tantos que termina conmigo repitiendo la pregunta ¿dónde fallé?, todos los días del resto de mi vida.
Por favor, dime si después de tantos años lograste responderte esa pregunta. ¿Fue falta de cariño y abrazos? ¿Fue la falta de una figura paterna? ¿Fue no dejarlo ser o dejarlo ser demasiado? ¿Fuiste muy dura o fuiste muy suave? ¿Fueron las amistades? ¿Fueron los signos de depresión que no viste? ¿Fueron las drogas que no buscaste en su habitación? ¿Fue ese castigo que no pusiste a tiempo? ¿Fue esa terapia que creíste innecesaria? ¿Fue que no hiciste suficientes preguntas?
Dicen que las madres de ahora somos demasiado sobre protectoras con nuestros hijos, que no los dejamos equivocarse o frustrarse, me pregunto qué opinas de eso, apuesto que piensas diferente.
¿Lo has podido superar?¿Has podido perdonarte?
Perdóname si te bombardeo con tantas preguntas de las que probablemente no tengas respuestas, solo soy una madre depositando mis miedos en esta carta esperando aliviar un poco el peso de traerlos encima. Tratando de aprender de todos los hubieras que seguramente repasas en tu cabeza y que lejos de brindar alivio solo te torturan más.
Siento haber pensado lo peor de ti sin conocerte. Realmente solo eres una proyección de mis miedos y cuando te juzgué horriblemente, en realidad me estaba juzgando a mí en ti. Las madres podemos ser muy duras con nosotras mismas.
Al final no importa cuántas preguntas hagamos o cuántas madres cuestionemos, no hay una repuesta correcta que nos garantice ser buenas madres. Todas en algún momento nos vamos a equivocar, así que solo nos queda saber reconocer nuestros errores, aprender de ellos y esperar que no sea demasiado tarde.
Ojalá bastara con amarlos ¿no?
Con cariño
Una madre desconocida.
Tengo tiempo pensándote y hoy me animo a escribirte. Escuché lo que pasó con tu hijo en una canción de Queen. Una canción que llevo tiempo escuchando pero que desde hace unos años me pega diferente.
Yo soy madre también y lo que les pasó a ti y a tu hijo ha tocado las fibras más sensibles de mi maternidad. Debo confesarte que apenas me enteré de la tragedia, te juzgué horriblemente. Me fui directo contra ti sin conocerte y te hice responsable de todo. Cuestioné tu maternidad, tu crianza, tu atención y tu amor. Construí una imagen de ti con pedazos de las peores madres que han creado las películas y las noticias. Drogadicta, alcohólica, abusadora, un ser trastornado con lo estándares de moralidad por los suelos… ¿lo eres?
Después pensé que tal vez veo mucha televisión, que tal vez no tenías que ser un monstruo para estar en esa situación, y solo eres una madre que hizo lo que pudo para sacar adelante a su hijo... ¿lo eres? Después de todo, tu hijo te amaba, fuiste su último refugio. Pero yo necesitaba ponerte en el peor de los escenarios, porque la idea de que no fueras la peor de las madres digna de tu propia película de terror, significaba que algo así podía pasarme a mi también; y es ahí donde yacen mis miedos más profundos.
Desde que soy mamá hay una parte de mí que siempre tiene miedo. Que siente que en cualquier momento un movimiento en falso podría arruinarlo todo y no sentir los síntomas sino hasta que se revelara el triste final en su etapa terminal, donde ya no hay nada que hacer.
Tú eres uno de mis peores escenarios. Uno de tantos donde mis hijos cometen errores fatales y su vida termina de la manera más trágica. Uno de tantos que termina conmigo repitiendo la pregunta ¿dónde fallé?, todos los días del resto de mi vida.
Por favor, dime si después de tantos años lograste responderte esa pregunta. ¿Fue falta de cariño y abrazos? ¿Fue la falta de una figura paterna? ¿Fue no dejarlo ser o dejarlo ser demasiado? ¿Fuiste muy dura o fuiste muy suave? ¿Fueron las amistades? ¿Fueron los signos de depresión que no viste? ¿Fueron las drogas que no buscaste en su habitación? ¿Fue ese castigo que no pusiste a tiempo? ¿Fue esa terapia que creíste innecesaria? ¿Fue que no hiciste suficientes preguntas?
Dicen que las madres de ahora somos demasiado sobre protectoras con nuestros hijos, que no los dejamos equivocarse o frustrarse, me pregunto qué opinas de eso, apuesto que piensas diferente.
¿Lo has podido superar?¿Has podido perdonarte?
Perdóname si te bombardeo con tantas preguntas de las que probablemente no tengas respuestas, solo soy una madre depositando mis miedos en esta carta esperando aliviar un poco el peso de traerlos encima. Tratando de aprender de todos los hubieras que seguramente repasas en tu cabeza y que lejos de brindar alivio solo te torturan más.
Siento haber pensado lo peor de ti sin conocerte. Realmente solo eres una proyección de mis miedos y cuando te juzgué horriblemente, en realidad me estaba juzgando a mí en ti. Las madres podemos ser muy duras con nosotras mismas.
Al final no importa cuántas preguntas hagamos o cuántas madres cuestionemos, no hay una repuesta correcta que nos garantice ser buenas madres. Todas en algún momento nos vamos a equivocar, así que solo nos queda saber reconocer nuestros errores, aprender de ellos y esperar que no sea demasiado tarde.
Ojalá bastara con amarlos ¿no?
Con cariño
Una madre desconocida.
Hola Elena de 16 años, ¿qué tal la vida? ¿Ya has estrenado tu licencia de manejar? Apuesto que estás ansiosa por irte manejando a la prepa. Te escribo desde el futuro para platicarte sobre un problema que te va a joder un poco la vida y que tal vez puedas evitar con mi (tu) ayuda.
No te asustes, todo marcha bien. Ahora tienes 36 años, tienes una familia que te hace muy feliz, un esposo que dejaré en el anonimato para no spoilear la diversión y dos hijos de los cuales tampoco revelaré detalles.
Primero, quiero decirte que en todo este tiempo has cambiado y has crecido mucho como persona; pero después de todos estos años hay una pequeña cosa que nos sigue dando un poco de problemas.
¿Ves como tu mamá siempre te dice hasta el cansancio que limpies tu cuarto y seas más ordenada? Bueno, te convendría hacerle caso en eso de tener buenos hábitos. Ya sé lo que me vas a decir: “¿Para qué hacerlo ahora, si de todos modos voy a tener que hacerlo todos los días de mi vida adulta? No voy a desperdiciar mi valioso tiempo de juventud bla, bla, bla”. Y tienes un punto, pero resulta que eso de aprender buenos hábitos se vuelve más difícil con la edad, y tenerlos es algo útil cuando quieres enseñarle a tus pequeños hijos, pues, buenos hábitos. Enseñarles a ser limpios y ordenados es algo muy importante para su desarrollo, pero más importante, para que no tengas que hacerlo todo tú sola – ¡Tranquila, no te he traicionado en eso!
Pero aquí viene lo interesante con los niños, resulta que ellos aprenden con el ejemplo. Así es, les puedes decir mil veces algo, pero si no te ven tender tu cama y ordenar tus cosas, no te van a creer nada y harán exactamente lo que tú hagas. De hecho, aún si lo haces bien, no es seguro que te imiten esa parte y de todos modos tengas que pedírselos una y otra vez. Pero definitivamente tienes más probabilidades de conseguirlo si te ven hacerlo.
¿Qué hay de tu esposo? Bueno, dije que no iba a spoilear la diversión, además has aprendido que si quieres ver un cambio en el mundo, o tu propia casa, debes empezar por ti, por eso esta carta.
¿Muchacha de la limpieza? Claro, puede ir los días que quieras, pero al final ella no le inculcará eso a tus hijos.
Escucha, sólo tienes que empezar a tender tu cama antes de irte a la escuela; usar ese mueble que le llaman clóset para lo que sirve en vez de tu cama, silla o escritorio –Y sí, para lograrlo es probable que tengas que levantarte más temprano.
Acostumbrarte a lavar tu ropa con más frecuencia sin esperar a que tengas que usar tu traje de baño de ropa interior. Créeme, en un futuro la ropa se multiplicará más que los panes de Cristo y no sabrás de dónde sale tanta.
Empezar a invertir tiempo en la cocina porque de alguna manera –contra todos los pronósticos– terminaste a cargo de eso.
Sí, ya sé que te da una flojera horrible hacer todo lo que acabo de decir pero es por tu propio bien. –Ah sí, lo siento, no se cómo decirte esto, pero ahora eres una mamá y has empezado a hablar como una, fue inevitable.
Sabes qué, pensándolo bien, mejor olvídalo. Te conozco, tu flojera es capaz de hacerte cambiar de opinión y tal vez hasta decidas que lo de casarte y tener hijos no es para ti, y esto resultará peor que cuando Mc Fly rescató a su padre y casi borra a toda su familia.
Le escribiré a mi yo de 20 años a ver si tengo más posibilidades. Por cierto, qué bueno que te gusta manejar, porque se ha convertido en gran parte de tu vida. Cuidado con el carro verde en frente de ti en Boulevard Acapulco, ¿o era gris?, no lo sé, mejor ten cuidado siempre. Sigue bailando por la vida.
Atte.
Tu versión más sabia de 36 años.
Andrés (7 años) y papá
No pude evitar renombrar con esta lógica varias partes del cuerpo que antes no tenían pelo y ahora sí. ¿Ustedes?





